12.01.2007

Aventura Ninfómana Nº1 : La Reina Gay


Dormí 40 minutos la noche anterior a ese día. Pero el sueño de esos 40 me dijo que debía ir a ver a una amiga, que para mi tranquilidad no estaba tan triste como supuse. Ahí estábamos, como siempre ¿qué hacer? Aún sin quererlo, el cansancio fue más y sin escatimar en vergüenza, dormí algo así como 3 horas en esa cama ajena, pero familiar. No soñé nada interesante, ni siquierea un atisbo de lo que sería la noche que nos caería encima. Que nos cayó, Oh como nos cayó.

Decidimos, como es de rutina, juntarnos con la tercera del grupo en un metro.
De ahí todo fue vertiginoso, inimaginable. De pronto ya no eramos tres en la mesa. Eramos cinco. Más tarde no eramos cinco bailando, eramos ocho. Momento. Vamos por parte. Por las partes que me acuerdo al menos. Hay cosas en la vida que una piensa que nunca hará. Existen límites que rompen el deseo y momentos en que hay que dejar de decir que puedes tenerme tal como soy. Yo y las chicas lo descubrimos ese jueves. Algo en la entrada de puticlub debió advertirnos que la idea no había sido buena. En ese momento a decir verdad, no pensaba en eso, no pensaba en nada. Recuerdo que pase esa especie de taburete de metro bailando y de espaldas, riendóme de nuestra osadía. Poco después recuerdo verme en todas partes en los espejos, verme a medias, reflejada en cada extremo de esa pista diminuta; por los costados y en el techo, y las luces blancas como flashes y ese vodka tonic que fue la gota que rebalsó el vaso. La virgen de Guadalupe me cerraba el ojo desde la polera de Esteban y ese aire cosmopolitan lo hacían cada vez más encantador. De pronto Héctor toma mi mano, pero la deja de inmediato. Los flashes producen una sensación extraña, porque lo ves todo cortado, lento, de a poco, como si sucediera pero no.

Héctor está borracho, quizás un poco más que yo, cuando me besa es frío. Bastante aburrido a decir verdad, no tiene fuerza. Pasión cero. Pero cuando no nos besamos la acción es más entretenida, porque estamos apoyados sobre un espejo y su guarra camisa abierta en ciertas partes nos deja jugar bien. De pronto y como había pasado antes, no sé donde están las chicas. El ambiente es desesperante , demasiada gente, mucho humo, todos cerca. La virgen de Guadalupe vuelve a cerrarme un ojo, por atrás una de mis amigas me pellizca y me dice al oído (tu fantasía). No entiendo, pero cuando me doy vuelta Héctor y Esteban están cerca, muy cerca de mí y entre si. Se tocan un poco, se miran, sonríen; me bailan un poco, me sonríen un poco, me tocan un poco. Acaricio a la virgen de Guadalupe y todo lo que está bajo ella, Esteban se mueve cadencioso y siempre dispuesto, sólo no me deja besarlo; pero todo lo demás está.

Nunca vi que se besaran, no lo recuerdo. Cuando el apático se abalanzó sobre ese espejo que me sostenía, supe que sí; que hay cosas que una cree que nunca hará en la vida. La música no tiene moral y meterse con un gay no tiene gracia. Es fome, como besar a una niña, se me ocurre, que sé yo. Esteban en cambio, simpático y conocedor absoluto del lugar, algo así como el socialité gay por excelencia, era todo un caballero con nosotras. Antes, en el bar, cuando recién nos confesaba que era homosexual (cuando su amigo aún era un macho de tomo y lomo) nos preguntó si queríamos ver sus pectorales y estómago marcados. Todas dijimos que sí. "Ahora que ya saben que soy gay, me pueden tocar". Hicimos caso. Y en el puti club hicimos mucho más caso, porque a ratos la luz se iba por completo y Esteban estaba a nuestra total disposición: con sus pectorales marcados y el estómago duro, la espalda ancha y firme, los brazos grandes, fuertes, que nos rodean por entero, que nos tocan y dejan tocar. Él se contornea como ninguno, clebra todo lo que hacemos, se ríe y desaparece a ratos(como un ninfo) para dejarme sola con Héctor.

Las chicas tienen juegos más allá del nuestro. Una está enfadada y quiere marcharse; a la otra la rodea un círculo de hombres casi hombres que en ese momento parecen hombres porque juegan a seducirla y cuando están rodeados de flashes y oscuridad parecen actuar como una jauría. Ahora somos todos, bailamos todos, nos movemos todos; parece que el gran calor nos ha envuelto demasiado y ya no puedo reconocer ni a Esteban ni a Héctor, tampoco me interesa hacerlo. Es lo más parecido a una orgía en lo que he estado, y en un lugar público. Y con desconocidos. Cuando se nos pasa la curadera, agarramos a la más furcia del brazo (esa que nunca se quiere ir) y nos vamos.


El guardia nos echa porque dice que ahí no se utiliza la violencia, Claro que exagera, pero no podemos dejar de pensar que en la disco más gay de Chile hay que ser muy yegua para que te expulsen. Literalmente muy yeguas.



3 comments:

Nicole said...

puro maraqueando!

Fernanda said...

Idola!

jahhajhajhajhjh

"existen límites que rompen el deseo"

... y hay deseos k rompen límites?... no, mejor k no... eso sonaría demasiado warro

Anonymous said...

guena rayi nada es tan malo tu cachay que la moral... , que es eso????'' jajaajaja wueno cuidate chau